Zócalo del DF: Ángeles de la Guarda & Feminicidio
Ramón Almela. Doctor en Artes Visuales
(publicado originalmente el 31 de enero del 2006 en www.criticarte.com)

La plaza del Zócalo de México, D.F. funciona como un espacio de convergencia político-cultural. El lugar se hace centro de manifestaciones populares de toda índole. Bajo el amparo de la bandera de la república mexicana, y entre los símbolos arquitectónicos del poder nacional y el poder eclesiástico se despliegan continuamente las preocupaciones, ambiciones y esperanzas de los ciudadanos. Se convierte en escenario de promesas políticas, reivindicaciones y difusión musical y cultural. Un lugar donde se materializan las operaciones simbólicas del arte.
El Sábado 21 de Enero tuvo lugar un maratoniano festival musical de más de 10 horas entre artistas españoles y mexicanos organizado por la “Plataforma de mujeres artistas en contra de la violencia de género” bajo el título: “NO + feminicidios”. En dos escenarios se alternaron en el Zócalo, en un diálogo artístico, 35 cantantes y grupos, y 20 actrices denunciando, todos, la discriminación y la violencia que sufre el género femenino y solicitando modificaciones a las leyes y las conductas. (…)

 

 

Ajenos al festival musical que se llevaba a cabo, el esfuerzo de unos actores “Ángeles Guardianes” sintonizaba, sin pretenderlo, con el esfuerzo del resto de los artistas mexicanos y españoles que actuaban reclamando no más feminicidios y estimulando la esperanza. Colocados en las rejas de la catedral, alineados entre los plomeros y albañiles que ofertan su trabajo, (reminiscencia de la acción de Francis Alÿs que se anunciaba como artista) ofrecen cada sábado su apoyo verbal y presencial a todos aquellos que se dirigen a ellos. Tres artistas de teatro que llevan su actuación a estrategias de performance involucrado con las vivencias de la realidad en la ciudad de México. Pamela Aguilar, Erick Miranda y Enrique Marín llegan a materializar las proyecciones y creencias ideológicas de los individuos: Ese ángel guardián que provee el respaldo y actúa como conciencia del individuo, materializando las aspiraciones de bondad del ser humano. Confrontarse con su corporeización facilita la fluidez comunicativa, provocando la apertura de muchas personas para hablar y reflexionar sobre su problemática.

 

El encuentro de estos ángeles, circulando entre la multitud en medio del ambiente de una ciudad tensa e insegura, brinda con su acogida un ámbito que permite a la persona desplegarse como si se tratara de un espejo. No es tanto lo que ellos digan, si no la energía que se genera desde la confianza que pone la gente que los aborda, desde niños a intelectuales. Su actuación se ensambla en el tejido de una ciudad descompuesta y violenta impulsando un hálito de esperanza más allá de cualquier perfil religioso, y se instala como patentización plástica de arte que rebasa las demarcaciones del teatro para situarse en la aportación artística del performance, que abre espacios de interlocución e interacción donde lo visual y lo significativo corresponden al sentido de una estética relacional.

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