O del como intentar domesticar al amor:

Dopamina, serotonina y oxitocina, según la biología son los químicos que libera nuestra mente para hacernos sentir en ese estado de furor al que llamamos amor, según la dramaturga Carmina Narro los químicos para el amor son un proceso de ambición y autodestrucción mucho mas complejo, lo cual nos presenta mediante tres obras cortas en esta puesta en escena que se presentó recientemente en el Foro 37.

Con un espacio cuadrado delimitado únicamente por juegos de cortinas blancas, cada una de las historias se nos presentan a manera minimalista fundándose solamente en el trabajo actoral de los interpretes. Primero vemos “Aspirinas para los desahuciados”, donde conocemos a Larisa y José Ramón, a quienes les pesa el tiempo de la relación, y se encuentran en un punto muy avanzado de la misma, un punto de quiebre que es el que se desarrolla conforme avanza la historia. Apoyados con un flash back recorremos algunos momentos clave de la relación de la pareja, para entender, hacia el final de la historia, el “desprendimiento” (literal y metafóricamente) por el que pasa Larisa y que no le permite mantener esa relación por la que ha luchado tanto con su pareja, como un pequeño guiño Freudiano la conclusión de la historia alude a tendencia que aparece en una serie de hechos personales-paradójicos que contradicen la supuesta orientación del sujeto, en este caso José Ramón -guiado por el principio del placer- hacia su bienestar; la reacción negativa, que revela una secreta complacencia con el sufrimiento de sus síntomas, más allá de su anhelo consciente de bienestar, como una de sus manifestaciones -casi- clínicas más importantes, es decir, te amo pero me cagas.

Químicos para el amor, foto de la producción

Es exactamente eso, lo clínico, lo que nos liga con la segunda historia; “Round de sombras” donde después de una separación, Andrés espera convencer a Julia para que ésta regrese con él, y basándose en sus conocimientos médicos-científicos trata de usar todas las herramientas que tiene a su favor, al grado llegar a la violencia mas radical que podríamos imaginar, todo con tal de mantenerla siempre a su lado. Una vez mas el dualismo pulsional pasional queda formulado como la existencia, en permanente contraposición, de pulsiones de vida y pulsiones de muerte.

Y es justamente ese camino de la necesidad de alguien para sentirse vivo que nos lleva a la tercera historia, “Manicure” en donde Manuel y Regina literalmente los químicos de su cuerpo y voces de su cabeza no les bastan para estar juntos, y acuden a las drogas como un plus motivacional para no sentirse fragmentados, porque al final de cuentas es eso lo que todos estamos buscando: estar completos.

No sabemos casi nada de Manuel, y descubrimos solo un poco de Regina, lo suficiente para desencadenar el final, abrupto, fragmentado, como los personajes mismos. Final que te deja con ganas de ver más, de construir en tu mente más, lo cual se agradece.

Foto de la producción.

La obra se desarrolla con un ritmo muy ágil y da la sensación de que “las cosas son como deben de ser”, es decir esta en su lugar, siempre impera esta sensación de estar espiando en la intimidad de alguien mas, de espiar por el cerrojo de la puerta para encontrar en estas relaciones de pareja alguna de las respuestas que tanto hemos buscado, se agradecen un par de rompimientos casi Brechtianos así como el espacio de algunos lugares para el publico dentro del escenario, lo que permite aun mas la sensación de intimidad, de estar asomándose al corazón de alguien mas.

Los seis jóvenes actores (en el sentido que aun se encuentran en formación) nos presentan una interpretación muy orgánica y fresca, las relaciones se sienten muy fundadas tanto dentro como fuera del escenario, la obra se asienta en un trípode construido por las tres actrices, cuya energía femenina dialoga a la perfección con los tres actores, punto y aparte para la dirección, a cargo de Ingrid Espejel quien construye con inexorable sabiduría teatral el espacio íntimo como el territorio alternativo de subjetividad de estos infrecuentes seres, y a la vez reproductora del espacio del Edén. Otorga un valor fundamental a los silencios, nos recuerda que el teatro en primer lugar se trata de la capacidad de estar, y a partir de ahí accionar, pasando por el momento cuando se ha deshecho el hechizo del amor, con ironía y el sarcasmo, característicos de la autora, reinventados por la directora.

Una propuesta que se abre paso dentro del saturado panorama del teatro independiente como una bocanada de aire fresco teatral. Muy recomendable.

Químicos para el amor tuvo su primer temporada en el Foro 37 en la colonia Juárez, regresará en el 2018, vale la pena estar pendientes.

©Enrique Marín

Químicos para el amor.
Dramaturgia: Carmina Narro.
Dirección: Ingrid Espejel.
Producción: Chilos de Korizo.
Elenco: Marianna Gaytán, Jorge Ramos, James Coss y León, Viridiana Toscano, Tessie Benítez, Emi López.
Proxima segunda temporada.