Crítica a “Sonríe”

Por Juan Carlos Araujo (entreteniateatro@gmail.com)

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SONRÍE

Por Juan Carlos Araujo | 12 septiembre, 2013

Para quienes buscan entender lo que es una farsa

“Bienvenido a Smiles, dónde sus sueños se harán realidad.”

Antes de poder hablar sobre mi experiencia con la obra “Sonríe”, me gustaría empezar con una pequeña disertación sobre géneros dramáticos y cómo se han manejado típicamente en el teatro mexicano. Dos parrafitos nada más.

Se han definido cinco géneros dramáticos: tragedia, comedia, melodrama, drama y farsa. En nuestro país, el melodrama y la comedia siempre han sido favorecidas por el llamado teatro “comercial”; el teatro independiente se atreve a jugar un poco más con los dramas, mientras que el teatro universitario es quien normalmente monta las tragedias. Nada de esto es una regla, aclaro, simplemente una percepción basada en mi experiencia como espectador.

El último género, la farsa, históricamente es utilizado por el teatro experimental por ser aquel que permite la exageración y la ridiculización extrema de sus elementos, como historia y personajes, para poder hacer una crítica ácida y mordaz a algún elemento social. Desafortunadamente, los resultados generalmente son desastrosos. Este, me alegro enormemente, no es el caso de “Sonríe”.

Disertación terminada. Hablemos de la obra.

“El cliente, a pesar de ser un mandril subdesarrollado, siempre tiene la razón.”

¿Alguna vez se han detenido a pensar lo que debe de ser trabajar en un restaurant de comida rápida? Yo en algunas ocasiones me he preguntado qué tan cansado debe resultar el sonreír todo el santo día, cliente tras cliente, repitiendo las mismas frases durante ocho horas, seis días a la semana. No debe ser fácil. Nada fácil.

La Compañía Teatral Carretera 45 nos invita a pasar un día en “Smiles”, un restaurant de hamburguesas que no tiene nada que ver con “McDonald’s”. Dos cocineros, un gerente, el payaso, el repartidor, la ayudante y los clientes son los responsables de mostrar, en momentos de forma hilarante, lo que tiene que tolerar en uno de estos lugares.

“No es normal que un dedo salga de una caja sonriente.”

Un dedo en una hamburguesa, clientes pervertidos, políticas inflexibles, escuincles maleducados y diarrea son algunas de las situaciones que se presentan para crear un espectáculo que a momentos me parecía menos una obra de teatro para convertirse en un espectáculo de títeres vivos o una caricatura hecha con seres humanos.

Hay mucho que aplaudir en la puesta en escena. Primero que nada menciono el uso del espacio. Tres mamparas movibles y versátiles son suficientes para crear diferentes lugares del restaurant, desde la línea de producción hasta los baños del lugar. Una muestra clara de cómo con muy pocos recursos pero mucha imaginación se puede lograr todo.

“¿Crees que soy feliz? ¡No soy cajera por gusto!”

Los restaurantes de comida rápida tienen una línea de producción exacta para poder preparar cientos de hamburguesas en poco tiempo y sin errores. A eso me remite la dirección de Juan Carrillo en “Sonríe”. Un ritmo vertiginoso que combina las actuaciones con el movimiento escénico, la musicalización y los efectos sonoros que suceden a lo largo de la obra, para conseguir un producto que no deja mucho margen para el error. Un movimiento mal hecho, una duda en algún diálogo o un efecto de sonido a destiempo podrían hacer que se rompa el ritmo de una obra que se siente agotadora para quienes participan en ella por la precisión que debe llevar.

“Por políticas de la empresa, no se permite entablar ningún tipo de relación erótico-afectiva con los clientes.”

Lo cual me lleva a los actores. No puedo resaltar a ninguno por encima de otro ya que “Sonríe” es una obra de ensamble. Un trabajo admirable de cada uno de ellos pues se siente un verdadero trabajo de equipo donde no hay protagonismos y queda claro que todos están trabajando al servicio de la visión del director y por el éxito de la obra. Además, uno, como espectador, entiende lo que significa “morir en el escenario” viendo la obra pues es evidente como cada uno de ellos está dando el todo por el todo en la obra y eso se agradece, se aplaude y se admira. Las condiciones bajo las que vi la obra no fueron en lo más mínimo las ideales, los actores hicieron su trabajo como si no estuviera pasando nada. ¡Bravo!

“A nombre de la empresa Smiles, le pido una disculpa.”

No todo es perfecto. La obra maneja cuatro líneas narrativas de las cuales dos son un tanto débiles. Incluso me atrevería a decir que podrían cortar una, la del repartidor, sin ningún problema. Sin embargo, estas dos historias abarcan tan sólo el 25 por ciento de la obra y el otro 75, enfocado a la cajera, al payaso y a la ayudante, están tan bien logradas que el balance al final termina siendo definitivamente positivo.

“Soy un payaso travestido.”

Un ejemplo perfecto de lo que es la farsa podría ser una caricatura de Bugs Bunny y el Pato Lucas. Las situaciones en las que típicamente se encuentran estos dos personajes de Looney Tunes resultan inverosímiles, ridículas y exageradas. Eso es “Sonríe”, nomás que en ácido. Ver al payaso “Rorro” lidiar con un dolor estomacal, mientras la ayudante de cocina se “encarga” del gerente, era una caricatura en vivo, en verdad. Un humor negro y ácido, sumamente adulto a momentos, que me remite en su concepción visual más a un montaje guiñol que a una obra de teatro, “Sonríe” es un logro en creatividad y dedicación dentro de uno de los nuevos foros independientes de la ciudad que me está llamando más y más la atención.

Cuando estaba en la universidad, mi mentora, la Dra. Norma Román Calvo, me decía que yo entendía los géneros dramáticos de forma natural y que mi sentido del humor era el propio de la farsa. Desde entonces ese género ha sido de especial interés para mí aún cuando rara vez podía verlo bien hecho. Hoy sonrío. Vi una farsa bien hecha. Sonrían ustedes también. Gracias.